OBJETIVO

La Maestría en Educación Sistémica ofrece la formación del profesional experto en educación con enfoque sistémico, para el diagnóstico, análisis e investigación para ofrecer soluciones innovadoras a los conflictos escolares, en correspondencia con los tiempos actuales.

El enfoque de la presente propuesta educativa tiene sus fundamentos en la Teoría General de Sistemas de von Bertalanffy y el Constructivismo y se apoya en otras más, tales como la filosofía fenomenológica de Husserl, la de la comunicación de Paul Watzlawick y de la complejidad de Edgar Morin.

La televisión, los periódicos y otros medios masivos de comunicación se refieren a que los padres ya no saben cómo educar a sus hijos, razón por la cual, ahora es la escuela de la que se espera tenga que ocupar un papel correctivo. También existe un ambiente público donde ya no se respeta a la familia. Sin embargo, debemos considerar lo siguiente:
a) El maestro no puede corregir a la familia.
b) Un maestro humanista respeta a la familia
c) Un maestro fortalece a la familia.
d) Los padres envían a la escuela lo más valioso que tienen: sus hijos
e) Un maestro guía y acompaña a los alumnos para que crezcan a su lado

Con nuestra propuesta académica, el maestro egresado habrá aprendido:
a) Que los niños son leales a sus padres y a sus familias, aún cuando hablen mal de ellos.
b) Que para los alumnos, sus padres siempre serán los más amados, los más importantes, independientemente de sus acciones.
c) Que los padres tendrán el primer lugar para ellos, antes que los maestros.
d) Que no hay que juzgar a los padres, por la simple razón que es el padre y la madre del alumno, porque sin esos padres el niño no estaría en la vida.

Con lo anterior, el vínculo maestro-alumno cambiará cuando aquél asuma esta nueva postura; los alumnos empezarán a tenerle confianza al maestro (porque en su ámbito fuera de la escuela seguramente hay muchas personas que critican y juzgan a sus padres), al darse cuenta que sí hay alguien que no emite juicios sobre su padre y su madre.

Pero ¿cuál maestro puede hacer esto? Solo un maestro que ama a sus propios padres, a su propia familia de origen; un maestro que ama a las familias.

El maestro que buscamos formar con la Maestría en Educación Sistémica acompañará a los alumnos para aprender a vivir con los demás, guiándolos para que aprendan a formar un grupo unido con personas que no pertenecen a su familia. Este maestro transformará la realidad escolar gracias a su postura sistémica, aprendiendo que las verdaderas tareas de la escuela son:

1) Llevar a los alumnos dentro del salón de clase a confiar, a asumir responsabilidades para sí mismos y para el grupo.
2) Ayudar a sus compañeros, aprendiendo a estar el uno para el otro y los demás, aprender a estar en desacuerdo con el otro y aprender a reconciliarse también, siempre siguiendo adelante hacia la cultura de Paz, manteniendo la esperanza.
3) Llevar y acompañar a los alumnos a los valores de la vida pública, donde se convierten en ciudadanos responsables.

El nuevo maestro ofrecerá otra manera de vincularse, diferente a lo que aprendieron las generaciones anteriores. El maestro no es Papá, tampoco es Mamá, ni la tía, ni el amigo; les ofrece a los alumnos una relación diferente. Otra tarea del maestro es ubicarse al lado de los alumnos, no enfrente, porque a su lado podrán crecer y juntos mirar lo que hay que aprender, es decir, el curriculum académico.

En el modelo tradicional, generalmente, en el aula, el maestro se para frente al grupo y se muestra rígido, duro, a veces hasta con miedo ante los alumnos. Por el contrario, hacerse la vida más fácil como maestro implica cambiar y pararse al lado de sus alumnos, entonces, se dará la posibilidad de hacer un buen grupo, unido frente a la tarea institucional, que es aprender lo curricular, porque el aprendizaje de los contenidos se alcanza más fácilmente después de haber logrado lo primero. Pero esto se da cuando el maestro se reafirma en su vocación.

La Educación Sistémica propone un cambio en la vida de los participantes del sistema escolar. No es un manual de operación, es una postura diferente, con una mirada diferente a la tarea de acompañar en el aprendizaje, es una mirada diferente hacia los alumnos, hacia los padres, hacia los colegas y hacia la institución misma. Generalmente, en un salón de clase hay diferentes culturas, valores, tradiciones, a veces hasta diferentes religiones y es el maestro quien deberá encontrar algo que sea posible que todos los alumnos puedan hacer, por ejemplo, a partir de identificar los valores compartidos entre todos como el respeto hacia el otro y los demás; enseñará el respeto a los alumnos con un simple gesto que podría ser: inclinarse ante los alumnos y ante sus padres (presentes en sus hijos), lo cual va a intrigar a los alumnos (a los padres también en cuanto se enteren); posteriormente los alumnos podrán copiar y repetir este gesto todas las mañanas antes de iniciar las clases del día.

Se aprenderá un cambio total en la relación con los padres, independientemente de lo que éstos pudieran haber hecho, porque la dignidad del individuo es intocable y esto incluye a todos los participantes del sistema escolar. Aprenderá a construir puentes hacia los padres de familia y sabrá más sobre familias y las mirará de manera diferente. Esto último lo logrará siempre que él respete a sus propios padres y los tenga en su corazón. Fomentará en sus alumnos una confianza creciente de que sus padres están en el aula con ellos y que ningún niño está solo y así el aprendizaje será más fácil para ellos.
Creará puentes desde la vida y la intimidad del hogar de la familia a este nuevo lugar público, con nuevos procesos de socialización, como se dan en la escuela.

Después de la familia, la escuela entra como nuevo espacio de aprendizaje: son las primeras experiencias de los niños en un espacio social, que no viene de la familia, y es importante que los maestros los acompañen en este proceso.

Los cambios que se proponen lograr con este programa son necesarios e importantes en lo que es un maestro, y son de gran importancia para una sociedad con futuros ciudadanos honestos, solidarios y comprometidos con los valores de la misma. En este sentido, la escuela también es un espacio político sin proponérselo. Todo lo que acontece en la escuela, el ambiente, es la base para el desarrollo de un país para los siguientes 15 a 20 años. La política real acontece todos los días en la escuela, al encontrar un conjunto de valores que una al grupo y posteriormente a la sociedad.

La primera educación es en la familia, con sus valores, tradiciones y costumbres; la segunda es en la escuela como el primer espacio de socialización, es decir, un espacio público. Aquí conocen a niños de otros sistemas familiares, con otros valores, otras reglas; aprenden del conjunto y de la diversidad de los otros alumnos, de los maestros y de la escuela.
Se podría decir que los hijos no crecen verdaderamente al lado de los padres (porque los padres generalmente siguen viéndolos como sus hijos “pequeños”), ¡crecen al lado del maestro! Y esto exige mucho del maestro, por eso todos los maestros deben haber comprendido primero que ellos pertenecen a un sistema familiar, a su familia de origen y, sin juzgarla o etiquetarla, agradecer a sus padres el hecho de estar en la vida, sea como sea que esto haya sucedido. Con este cambio de enfoque al enfoque sistémico, cambiará la postura interna del maestro, hasta llegar a una postura sistémica y poder convertirse en un ejemplo diferente para sus alumnos.

Ventajas del enfoque o pensamiento sistémico para los maestros:

Se pueden relacionar de manera diferente con los alumnos.

Aprenden a mirar a los padres de manera sistémica, reconociendo que éstos están haciendo lo mejor que pueden.

Obtienen una mirada y escucha más atentas y precisas.

Dejan de colocar etiquetas a los alumnos.

Aprenden sobre las lógicas vigentes de cada sistema familiar.

Aprenden a incluir a los padres en el salón de clase.

Aprenden que los eventos en las familias (familia de origen, abuelos, bisabuelos, y también del país, la historia de éste y de la región) repercuten, marcan y moldean a las familias y sus descendientes.

Reconocerán que los eventos (según Edgar Morin) tienen tres aspectos importantes:
a) Irrumpen en la vida de la familia
b) Son imprevisibles e impredecibles, uno no se puede preparar para ellos
c) Cambian el rumbo de la familia y la de sus miembros.

Mirarán a los alumnos no solamente de manera individual sino como parte de un todo, es decir, como parte del sistema familiar.

Reconocerán repeticiones en las conductas de los alumnos como indicadores de las dinámicas del sistema familiar y podrán apoyar a los psicólogos escolares a que éstos trabajen con los padres y sus problemáticas.

Aprenderán que la escuela es el lugar de encuentro de vínculos leales con los sistemas familiares de cada uno de los actores del sistema escolar.

Reconocerán que en el proceso de aprendizaje los participantes del sistema escolar lo harán desde su historia, sus creencias y su forma de mirar el mundo, y que estos factores son determinantes para los resultados que se quieren alcanzar en el aula.

JUSTIFICACIÓN

Bajo rendimiento escolar de alumnos inteligentes, no querer salir de la casa, no querer ir a la escuela, no socializar con los demás compañeros, peleas repetidas, respuestas y comunicación agresiva hacia los maestros, ser víctima o victimario del bullying (agresiones físicas o verbales), ausencias repetidas (por enfermedades u otros motivos), adicciones, sexualidad prematura, embarazos prematuros, homicidios al interior de las escuelas, por mencionar algunos, son las situaciones y eventos que confluyen al interior de las aulas escolares.

De acuerdo con el pensamiento sistémico, ninguna de las situaciones descritas tienen su origen únicamente a nivel del propio individuo; siempre se trata de una manifestación del sistema familiar del individuo en un momento histórico y social y dentro de un contexto determinado. Se puede decir lo mismo de los problemas escolares que manifiestan los alumnos en la época actual.

La metodología de la Educación Sistémica ofrece herramientas para trabajar mejor con los niños, niñas y adolescentes porque cuida de no poner etiquetas, procura en el alumno el reconocimiento de sus recursos personales (sus padres, amigos, habilidades y talentos, mascotas) y se enfoca en la descripción de los sistemas en su contexto histórico y social. Es una herramienta de diagnóstico social, de análisis y de prevención que llevará a cambios en la relación maestro-alumnos y, por ende, de los mismos alumnos dentro de un salón de clase.